lunes, 21 de abril de 2014

LA SANGRE DE CRISTO

“…sin derramamiento de sangre no se hace remisión” (He 9:22).
En esta oportunidad deseo  compartir un tema de suma importancia que me ayudo entender mi nueva condición como hijo de Dios,  sobre el  derramamiento de la sangre de Jesucristo sobre la cruz, el cual fue factor que hizo posible que nosotros recibiéramos el perdón de nuestros pecados y la aceptación en la presencia de Dios.
A. LA VIDA ESTÁ EN LA SANGRE
“Porque la vida de la carne en la sangre está, y yo os la he dado para hacer expiación sobre el altar por vuestras almas; y la misma sangre hará expiación de la persona” (Lv 17:11). Cuando pecamos, ganamos la muerte. “La paga del pecado es muerte” (Ro 6:23). Jesús pagó el precio de nosotros con su propia sangre (al morir por nosotros en la cruz). El sacrificio expiatorio significa ser hecho UNO CON DIOS. Jesús dio su vida (derramó su sangre) sobre la cruz por nuestra expiación o redención. Esto hizo posible que nosotros fuésemos UNO CON DIOS. La sangre de Jesús significa que ya no somos sus enemigos, sino más bien sus amigos, sus hijos e hijas. Por fe, nosotros aceptamos lo que Jesús hizo por nosotros.
B. LO QUE EL PECADO HACE A NUESTRAS VIDAS
1. Nos separa de Dios: “pero vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar de vosotros su rostro para no oír” (Is 59:2).
2. Nos hace sentir culpables: “Porque mis iniquidades se han agravado sobre mi cabeza; Como carga pesada se han agravado sobre mí” (Sal 38:4).
3. Permite que satanás nos acuse: “…porque ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche” (Ap 12:10).
4. Demanda la pena de muerte: “El alma que pecare, esa morirá” (Ez 18:4).
La sangre de Cristo satisface todas nuestras necesidades.
C. LA SANGRE ES PARA DIOS
La sangre de Cristo satisface plenamente la ley de Dios, la cual, requiere un castigo cuando la ley es quebrantada. 1 Juan 3:4 dice: “Pues el pecado es infracción de la ley”. La sangre nos protege de la culpabilidad de quebrantar la ley (la muerte). En Éxodo 12, Dios ordena al pueblo de Israel untar de la sangre de un cordero sobre los umbrales de sus puertas para protegerlos del destructor, quien pasaría matando a todos los primogénitos de la tierra. Ese era un cuadro representativo del Cordero de Dios: Jesús, quien vendría más tarde al mundo. Dios dijo: “…veré la sangre, y pasaré de vosotros…” (Ex 12:13).
1. La confraternidad con Dios es restaurada: “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira” (Ro 5:8, 9).
2. Somos redimidos (comprados de la esclavitud): “En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia” (Ef 1:7).
D. LA SANGRE ES PARA EL HOMBRE
La sangre ha satisfecho a Dios; ahora está para satisfacernos a nosotros en la limpieza de la culpa de nuestra conciencia.
1. La sangre nos limpia de la culpa: “¿Cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?” (He 9:14).
2. La sangre nos santifica: “Por lo cual también Jesús, para santificar al pueblo mediante su propia sangre, padeció fuera de la puerta” (He 13:12).
3. La sangre nos acerca a Dios: “…Y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz. Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado…” (Col 1:20-22).
4. La sangre nos da la confianza o valentía para entrar a la presencia de Dios: “Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne, y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura” (He 10:19-22).
5. La sangre nos perfecciona ante la presencia de Dios: “Porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados” (He 10:14).
E. LA SANGRE ES PARA EL DIABLO
La actividad más estratégica del diablo en esta época es: ser el acusador de los hermanos (Ap 12:10) y es como tal, que el Señor lo confronta con su ministerio especial como Sumo Sacerdote, a través de Su propia sangre (He 9:11-14).
1. La sangre coloca a Dios del lado del hombre, contra el diablo: “¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?… ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aún, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros” (Ro 8: 31, 33, 34). El diablo no tiene fundamento para sus acusaciones contra los que han recibido la obra redentora de Cristo por sus vidas.
2. La sangre disuelve todos los derechos legales de propiedad de satanás: “En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados” (Col 1:14). “Redención” significa: comprar de vuelta. Estamos bajo la posesión de un nuevo dueño, y el precio que fue pagado por nosotros fue el derramamiento de la sangre de Jesús. “…la iglesia del Señor, la cual Él ganó por su propia sangre” (Hch 20:28). Lea también 1 Corintios 6:19, 20; y 1 Timoteo 2:6.
F. LO QUE LA SANGRE DE CRISTO NOS HA TRAIDO
1. Pureza de corazón: “pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado” (1 Jn 1:7).
2. Vida eterna: “Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero” (Jn 6:53, 54).
3. Acercamiento a Dios: “Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo” (Ef 2:13).
MI DECISIÓN
Ahora entiendo lo que significa el derramamiento de la sangre de Cristo para Dios, para Satanás y para mí. Hago mi consigna de compartir con otros la verdad concerniente a la sangre de Cristo. Me recordaré a mí mismo, más a menudo, respecto al pacto que Dios tiene conmigo para perdonar mi pecado y limpiarme de toda maldad y protegerme de los planes ocultos de Satanás.
C.P.

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